Fotos Cortesía de Ocesa/Liliana Estrada
El paso de David Byrne por la Ciudad de México no solo destacó por su impecable montaje visual, sino por la maestría con la que estructuró su setlist. A lo largo del concierto, el músico neoyorquino tejió un recorrido sonoro que conectó los grandes himnos de su etapa con Talking Heads, sus colaboraciones más emblemáticas y las piezas de su catálogo reciente, logrando una narrativa fluida que mantuvo la energía en lo alto de principio a fin.
El viaje arrancó de forma íntima con la sutileza de “Heaven”, para rápidamente dar paso al despliegue rítmico de la banda con “Everybody Laughs” y el clásico “And She Was”. A partir de ahí, la selección musical fue una montaña rusa de dinámicas: la elegancia de “Strange Overtones” (su recordada colaboración con Brian Eno) convivió con la densidad funk de “Houses in Motion” y la vitalidad de “(Nothing but) Flowers”. Uno de los puntos más altos de la velada llegó con “This Must Be the Place (Naive Melody)”, una interpretación colectiva que provocó uno de los momentos más emotivos de la noche.
La versatilidad del repertorio se hizo evidente al sonar “¿Cuál es la razón?”, versión en español de “What Is the Reason for It?”, así como en temas cargados de ironía y reflexión cotidiana como “T Shirt”, “Like Humans Do”, “I Met the Buddha at a Downtown Party” y “My Apartment Is My Friend”. Sin embargo, el tramo final del concierto se convirtió en una auténtica fiesta de baile y catarsis cuando se encadenaron joyas del post-punk y el new wave como “Slippery People”, “Air” y una atronadora seguidilla compuesta por “Psycho Killer”, “Life During Wartime” y “Once in a Lifetime”, demostrando la vigencia absoluta de su obra.

