Hay bandas que regresan a México. Y hay otras que vuelven como quien vuelve a casa.
Love Of Lesbian está a punto de pisar de nuevo el escenario de Tecate Pa’l Norte, y esta vez no será una visita común. Serán dos noches, dos respiraciones, dos formatos, dos noches de salvación.
Antes de que eso ocurra, Uri Bonet, baterista y pulso constante del grupo, converso con nosotros.

Cuando Uri habla de México, lo hace como quien recuerda una bocanada de aire fresco. Desde aquella primera vez en 2013, este país se convirtió en algo más que una parada en la gira. Aquí la vida se siente distinta. Más intensa. Más emocional. Más gritona. Y eso, para una banda que vive de la emoción, es combustible puro.
No es habitual tocar dos noches en el mismo festival. Mucho menos hacerlo con dos energías diferentes. La primera no será exactamente acústica, pero sí íntima: un setlist que rescata canciones que han permanecido en silencio demasiado tiempo. Temas que quizá no caben en los grandes escenarios, pero que encuentran su espacio cuando la intención es otra.
La magia de los festivales también está en descubrir lo que no sabías que necesitabas escuchar

El público mexicano no solo canta, observa, cuestiona y analiza. Es crítico, entusiasta, apasionado. A veces, incluso, lanza preguntas musicales que obligan a la banda a repensarse. Y eso les gusta. Porque aquí la música no se consume: se vive.
Las canciones, dice, pertenecen a la banda mientras se gestan en el estudio. Pero en el momento en que ven la luz, dejan de ser exclusivamente suyas. En México ocurre algo especial: el acento transforma las letras. Santi, en ocasiones, decide callar para escuchar cómo el público canta. Ese matiz convierte cada verso en algo distinto. La canción se resignifica y empieza a pertenecer también a quien la entona desde abajo del escenario.
Y es precisamente el escenario el territorio donde todo se intensifica. ¿Refugio, confesionario o campo de batalla emocional? Para Uri, es las tres cosas al mismo tiempo. Lo describe como una sesión de psicología colectiva donde se genera una química difícil de explicar. Ha habido noches en las que no ha dejado de llorar mientras tocaba, porque era la única manera de continuar.
Llorar sobre el escenario —afirma— es una forma de libertad. Una conexión distinta. Una catarsis compartida.
Yo espero que nadie me quite el escenario; si me apartan de él, es porque yo lo dejo
Después de 25 años juntos (un matrimonio de cuatro) la banda se prepara para abrir un paréntesis. No una ruptura. No un adiós. Un respiro. Tiempo para explorar otras inquietudes, para relajarse, para recordar quiénes son fuera del engranaje constante de una banda que nunca ha dejado de girar.

En marzo, además, se cumplen diez años de El Poeta Halley, un disco que continúa orbitando como un planeta propio dentro de su universo creativo. Uri admite que todavía se le quiebra la voz cuando llega la parte de Joan Manuel Serrat. Las canciones —explica— funcionan como los olores en la cocina: basta una nota para viajar a otro tiempo. Cada tema encapsula un recuerdo. Y todos siguen vivos.
Love Of Lesbian ha sabido escribir canciones atemporales. Envejecen bien. Conversan entre ellas. Se abrazan en los setlists sin importar el año en que nacieron. Siguen orbitando en la trayectoria de sus propias vidas.
Si sus canciones fueran ciudades, me dice, habría de todo: lugares para perderse, para reencontrarse, para quedarse a vivir. Pero si tuviera que elegir una sola, sería Barcelona. La ciudad que los vio hacer, crecer, y salir al mundo.
Y cuando hablamos del amor, la respuesta no es romántica, pero sí honesta: creativamente es más interesante cuando se rompe. Cuando funciona, todo es más dulce. Más plano. En la fractura aparecen las aristas, las preguntas, las canciones que duelen y por eso importan. Hoy, más que al amor romántico, le cantan a la amistad, a ese vínculo que resiste más que muchas promesas.
Al despedirnos, queda la sensación de que lo que veremos en Pa’l Norte no será solo un concierto. Serán dos noches para recordar que la música puede ser terapia, batalla y abrazo al mismo tiempo.
Nuestro Ejército de Salvación.
Entrevista: Giovanni Barajas
