Dead Poet Society estrenó MONARCH, su tercer álbum de estudio, a través de Spinefarm Records. Con 12 canciones y poco más de 41 minutos de duración, el disco continúa el camino trazado por -!- y Fission, aunque esta vez la banda parece adentrarse en un territorio más oscuro, inquietante y difícil de predecir.

Desde los primeros segundos de “Hollywood On Fire”, MONARCH deja claro que no es un álbum construido para avanzar en línea recta. Dead Poet Society juega constantemente con los contrastes: riffs que golpean de frente, atmósferas que se vuelven cada vez más densas y melodías que aparecen entre la distorsión como pequeños momentos de calma antes de volver a sumergirse en el ruido.
Esa transformación ya comenzaba a revelarse en canciones como “Roach”, “Sinner Systems” y “Cold”, los primeros adelantos del álbum. Sin embargo, es al escucharlas dentro del conjunto cuando adquieren otra dimensión: dejan de sentirse como canciones aisladas y comienzan a formar parte de un mismo paisaje sonoro, uno donde la tensión parece estar presente incluso cuando todo permanece en silencio.
Y es precisamente en esos contrastes donde MONARCH encuentra buena parte de su identidad. El álbum puede ser agresivo, pero también sabe cuándo detenerse. Hay momentos que golpean con fuerza y otros que parecen retirarse unos pasos para dejar que la tensión respire.
“Cold” es quizá uno de los ejemplos más claros de esa dualidad. La canción parte de una sensación de desconexión y de la necesidad de encajar hasta el punto de comenzar a perderse a uno mismo. La propia banda ha explicado que la canción habla de moldearse para conseguir aceptación y, en el proceso, dejar de reconocerse frente al espejo.
A partir de ahí, MONARCH continúa cambiando de forma. “Die If You Don’t”, “Lost”, “Psalm 136”, “Dead On The Inside”, “Get Hot” y “The Park” amplían el universo que los primeros sencillos habían comenzado a construir, mientras que “Miami For The Weekend” introduce una energía más cercana al punk. El recorrido termina con “The Art Of Suffering”, una última dosis de oscuridad que deja al álbum suspendido en una sensación difícil de explicar, pero imposible de ignorar.
Más que buscar refugio en una sola etiqueta, Dead Poet Society permite que MONARCH se mueva entre el rock alternativo, los riffs pesados, la electrónica y momentos casi hipnóticos. Es un disco que no parece interesado en ofrecer respuestas sencillas; prefiere plantear preguntas, cambiar de dirección y dejar que cada canción encuentre su propio espacio dentro de la historia.
Quizá por eso MONARCH puede sentirse incómodo, oscuro e incluso extraño por momentos. Pero esa incomodidad no parece un accidente: es parte de lo que hace que el álbum tenga algo que decir.
