BIELA REGRESARÁ A MÉXICO PARA CANTAR LA INCERTIDUMBRE

Desde España, Biela, integrada por Alberto, Álex y David se han ido abriendo paso con un sonido que encuentra fuerza en la emoción directa. Su música se mueve entre la calma tensa y el estallido, construyendo canciones que no buscan maquillar nada, sino dejar las emociones al descubierto, incluso cuando incomodan.

Fotos por: @genavalch

Hablar con Biela es como entrar a una conversación que ya venía cargada de emociones. No hay respuestas medidas ni discursos armados, todo fluye desde lo que están viviendo.

Cuando surge la pregunta sobre por qué las bandas españolas suelen tener una conexión tan especial con el público mexicano, Biela no responde de inmediato. La respuesta no es clara, y quizá por eso mismo se va construyendo mientras hablan.

En mayo regresan a México, un país donde en 2025 dejaron algo más que una primera visita: una conexión emocional que todavía intentan descifrar. Para explicarlo, recurren a recuerdos y referencias. Piensan en otras bandas españolas que han cruzado el Atlántico —de Hombres G a Enrique Bunbury— y que aquí han encontrado un segundo hogar. Pero más allá de las referencias, lo reducen a algo esencial: el idioma, una cultura compartida y, sobre todo, una forma muy similar de sentir.

Aunque también lo admiten entre risas: quizá la respuesta no les corresponde del todo. “Habría que preguntárselo más a los mexicanos”, dicen. Y tiene sentido. Porque si algo define ese vínculo es la manera en la que el público se apropia de las canciones, como si siempre le hubieran pertenecido.

Esa honestidad directa, sin rodeos es justo lo que termina marcando su música. No hay una búsqueda forzada de identidad. Llega un punto, explican, en el que simplemente te reconoces en lo que haces. Cuando el sonido empieza a devolverte algo familiar, sabes que ya está ahí.

NUEVAS EMOCIONES no nació desde la certeza, sino desde la incertidumbre. “Uno no sabe lo que le va a venir”, dicen, y la única opción es afrontarlo. Así, sin más. Abrirse a sentir —lo bueno y lo malo— se volvió parte del proceso.

Cuando hablan del disco, no lo describen como un concepto, sino como una necesidad. Durante más de un año, lo que hicieron fue soltar. Literalmente. Vaciar lo que traían dentro después de una etapa complicada. Lo recuerdan como un ejercicio casi terapéutico: días de encierro componiendo, compartiendo historias personales, hablando de rupturas, de lo que dolía, de lo que no sabían cómo nombrar. Y de ahí, poco a poco, fueron naciendo las canciones.

“Sacarle el lado bueno a todo lo malo que te ha pasado, canalizarlo de esa manera siempre es bien al final”

 

 

 

Esa forma de crear también define cómo suenan en vivo. A diferencia de otras bandas que transforman radicalmente sus temas sobre el escenario, Biela busca mantener una fidelidad casi orgánica con el estudio. No idéntica, pero sí reconocible. Para ellos, el directo no es reinterpretar desde cero, sino expandir lo que ya existe: alargar un estribillo, dejar que el público se apropie de un momento, permitir que cada show tenga pequeñas variaciones.

Porque hay algo que no controlan —ni quieren controlar—: el sonido. Cada sala cambia todo. Un amplificador nunca responde igual, y eso forma parte de la experiencia. Les interesa esa sensación de riesgo, de que cada concierto tenga algo irrepetible.

Cuando intento llevarlos a un terreno más abstracto —imaginar a Biela como un lugar— la conversación se vuelve todavía más interesante. No hay una sola respuesta.

Para David, sería algo intenso, pero también bonito. Un espacio que no es del todo cómodo, pero al que igual quieres entrar.

Alberto lo lleva a una imagen más clara: una casa con jardín. Más bien un lugar que, estando solo, puede darte paz y ansiedad al mismo tiempo. Un sitio que reconforta, pero que también te enfrenta. Como sus canciones: capaces de conectarte con lo que has vivido, incluso con esos recuerdos a los que no siempre quieres volver.

Álex, en cambio, lo imagina en movimiento. Habla de un viaje, de una casa rural con amigos donde todo empieza desde lo íntimo: conversaciones largas, confesiones, emociones abiertas. Y de pronto, sin darte cuenta, todo se transforma. Lo que era vulnerabilidad se convierte en energía. En catarsis. En ese momento en el que pasas de hablarlo todo a cantarlo todo.

Pero en el fondo, todos apuntan al mismo sitio: un espacio donde sentir es inevitable.

Biela habla de México con afecto genuino: dicen que lo sienten como un público cercano, agradecido, hospitalario. Un lugar al que siempre quieren volver, no solo por la música, sino por todo lo que lo rodea.

Pero también hay una petición clara. Su próximo show del 8 de mayo en el Foro La Paz, representa un paso más grande, un reto distinto. El plan es claro: armar un recorrido por lo mejor de su repertorio, aunque ya no caben todas las canciones, planean recuperar temas que se quedaron fuera la vez pasada y, quizá, dejar ver algo nuevo.

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Y lo dicen sin rodeos: necesitan que la gente esté ahí. Que se llene. Que el ruido sea suficiente para convertir esa noche en algo memorable.

Pero antes de eso, el camino ya está trazado: Pachuca, San Luis Potosí y Guadalajara forman parte de una gira que terminará de tomar forma en Ciudad de México y que cerrará el 9 de mayo en el Festival Día Libre de Monterrey.

Con esa idea regresan a México. No como visita, sino como continuación de algo que ya empezó antes.